Intenté ya con mil estrategias.
Me tapé la boca y dejé que todos digan todo.. Pero aún le daba importancia.
Cerré los ojos con fuerza. Pero las imágenes de los recuerdos fueron peores.
Cubrí mis orejas para no escuchar. Pero el miedo me empujaba a enfrentarlo.
Quise salir corriendo. Quise gritar que todo se detenga. Quise pensar que ya había entendido todo, que nada más que tiempo faltaba.
No supe nunca que hacer.
Entonces me senté al lado de tu cama, y un día despertaste, me miraste, te dejé de extrañar, me quisiste, recordaste, nos abrazamos, y nada más fué necesario. Nunca.
Guadalupe.